Estaba ya escrito

escrito

Estaba destinada a no triunfar en nada en la vida, pero ella no lo sabía. Estaba destinada a deambular por el mundo sin recompensa alguna. Desconocer el rumbo de su vida, era su destino.  Un largo camino tanteando salidas, surcando océanos, buscando como loca el amor, burlando a las envidias, tentando a la suerte, soltando lastres, mintiéndose a si misma, aferrándose al último tren.  Antes de partir, ¿cómo podía ella saber que desde el principio estaba ya todo escrito? Y tanto esfuerzo inútil por nadar, nadar y nadar, para morir en la orilla.

Triste es reconocer,  que aunque se hagan bien las cosas, no siempre hay recompensa,  que aunque se avance con rectitud, no siempre se acierta y aún no dejando pasar ni una sola oportunidad, no siempre hay corona, en fin, solo queda el absurdo consuelo  de haberlo intentado, como si no hubiese un mañana.

Fue un día cualquiera, cuando la ruleta de las oportunidades dejó de girar para ella, fue un día cualquiera, cuando ella se rindió y dejó de luchar.  Sosegó su aguerrido espíritu y por primera vez en toda su vida, se dedicó a contemplar, dejó de añorar, dejó de soñar y  simplemente vivió.

No me olvidaste

olvido

No es lo que piensas sino lo que sientes, lo que quisiera saber.

Aquello que pasa por tu cabeza, no es lo que pasa por tu corazón,

a distantes latitudes uno trama y el otro late,

mientras inofensivo el que palpita,

complicado es el que cruje pensamientos.

Deseo descubrir en tu silencio, cuánto me quieres,

y en la ausencia de tus palabras, el amor que tu boca niega.

Tus ojos no me engañan,

y hoy como ayer, me miran enamorados,

como si los años no hubiesen pasado,

ni el ayer hubiese olvidado.

 

Si te vas corazón

corazón

Que no daría corazón mío por saber qué será de ti después de mi?  Oú s´ira mon coeur que part après moi?  ¿Dónde irá a parar tanto amor como vivimos? ¿Y por qué no despertar latiendo en otro ser?  ¿Y amando de nuevo en otra vida?

Tantas veces fuiste blando conmigo, rara vez obedeciste a la razón, te enamoraste de imposibles, amaste a contra corriente y pagaste no siendo correspondido; aún así, siempre amé hasta lo inmarcesible, sin importar los avatares del mañana.

Desde el día que caíste y me doliste, te protegí, te cuidé, paré de sofocar con humo mis pasiones, moderé mis placeres por la buena mesa, renuncié a las copas y noches locas con amigos y todo para evitar tus regaños.

A medida que se acerca el final, no quiero creer corazón de mi vida, que todo se acaba conmigo. Que cuanto amamos, sufrimos y vivimos, morirá cuando yo me vaya. ¿Habrá sido inútil nuestra infatigable búsqueda por alcanzar la felicidad? Pido perdón a la vida, por ser una descreída, pero no concibo la idea de tanta superación en la vida para acabar en la nada.

La princesa i el pèsol

princesa

Ja molt de temps, en un lloc llunyà

vivía un príncep molt agraciat,

que estava molt tríst.

“Ai, pobre de mi!” Sospirava.

“Ai, pobre de mi! Repetía.

El príncep no trobava una princesa

al gust de la seva mare.

Perquè una princesa ès una cosa molt delicada.

Delicada i exquisida, com l ala d una libèl lula.

A una dama se la reconeix per la seva elegància,

però una princesa genuina es una cosa molt rara.

Una nit de turmenta va arribar al castell

la noia que el príncep somiava.

“Soc la prìncesa perduda”, va dir ella.

Però la reina era freda i es va mostrar reservada.

La posarem a prova “va dir la desconfiada reína,

“li prepararem un llit amb dotze matalassos,

si el pèsol no la deixa dormir,

sabrem que ès una auténtica princesa”

El llit era suau i molt alt,

però la noia no va poder dormir.

Aleshores la reína li va dir:

“filla meva, sì un pèsol no et deixa dormir,

ès la millor prova que pertanys a la reialesa.

“Que toquín campanes de casament”.

I la gent va cridar “visca!”.

Porquè una princesa ès una cosa molt delicada.

Delicada i exquisida, com l ala d una libèl lula.

A una dama se la reconeix per la seva elegància,

però una princesa genuina

ès una cosa extraordinàriament rara.

 

Club tercera edad

rostro

Nunca imaginó lo cruel que sería el día que su cara bonita entrara a formar parte del mundo transparente, mientras el paso del tiempo desdibujaba sus rasgos a medida que los años volaban hacia atrás.

Ahora que se incorporaba al club de la tercera edad, comprendía aquel frenesí por los tratamientos anti-edad, por el botox, por la silicona y de todo cuanto haría falta por parar lo imparable. Y en esa huida hacia adelante, olvidar la huella que el paso del tiempo va infligiendo en nuestra piel.

Y así comienza la protesta y el pataleo inútil por lo que día a día perdemos, sin que nada, ni nadie pueda impedirlo. Cada mañana, al levantarnos nos enfrentamos a nuestro nuevo yo y a unas pocas lágrimas que añoran volver a seducir, volver a ser quienes éramos, volver a conquistar el mundo.

Qué difícil es dejar de evocar lo imposible, de llorar en vano y simplemente, aceptar con naturalidad a la madre naturaleza, que viene a proponernos nuevas maneras de ser feliz y disfrutar de otros placeres que la vida nos reserva.  De todos modos, le vale la pena al guapo saber, que allá donde acabaremos, solo cuenta el contenido y no el envoltorio.

 

Viejo y cansado

bufalo

Atrás y rezagado iba quedándose a cada paso cansino que daba, delatando su ancianidad para seguir el ritmo de su manada. Íbase peligrosamente alejando más y más de su rebaño, quedándose indefenso ante el inminente ataque del depredador que ya le acechaba.

Al momento que el hambriento felino huele la debilidad de la bestia, lento y muy sigilosamente se le va acercando, sin perder de vista a su presa, midiendo el preciso instante del ataque para saltar sobre el animal, agarrarse con sus fieras garras a su lomo y empezar a morder y a morder, una y otra vez hasta hacerle caer, derribarle sin dejar de hincar sus dientes en sus carnes, mientras todavía vive, le va devorando poco a poco y lentamente, matándole.

Esta despiadada escena entre un viejo búfalo y un hambriento león de la sabana africana, nos enseña la inconmensurable crueldad entre dos fuerzas, la de la naturaleza y la lucha por la supervivencia.

Hablando conmigo

hablando

La otra noche me encontré hablando con mi pasado, con la joven que fui, detrás de la mujer que soy ahora y buscaba regocijo en aquellos momentos en que la vida empezaba a seducirme hasta encandilarme y como una niña pensaba que deseando con fuerza mis sueños, se convertirían en realidad.

Cuando los años vividos suman mucho mas de los que nos quedan por vivir, es como si las luces de la fiesta se empezaran a apagar, un sentimiento sombrío y desasosegante.  Una noche cualquiera, esta idea llegará como una pesadilla y ya nunca más nos abandonará. Es tan maleficamente inoportuna, que siempre viene para recordarnos que ya hemos pasado el ecuador de nuestra existencia.  Tanto para unos como para otros, ésta será difícil de encajar y de asumir, por mucha experiencia que tengamos en la vida.  

Anoche soñé que soñaba, que era joven otra vez, y reía, reía y reía, de tan feliz que me sentía.  Fue uno de esos sueños, de los que jamás quisieras despertar.

 

 

El principio

vida

Que fácil es ver el principio de las cosas y qué difícil es ver su final.  De haber conocido tal o cual desenlace ¿habríamos tomado entonces la misma decisión? ¿Tuvimos alguna otra opción cuándo las circunstancias nos acorralaban? ¿Habríamos actuado de otra manera si la ignorancia no nos hubiese cegado? ¿Y si aquel amor no nos hubiese fallado? Probablemente sí, pues muchos ilusos creímos que al destino se le podía torcer la mano.

Aunque el corazón no se aviene muy bien con la razón, es la sabia naturaleza la que  finalmente domina, cuando hay casamiento entre un corazón y la razón, surge la magia mas poderosa del universo, en la comunión de nuestros padres, en ese único acto de amor que nos traerá a este mundo.  Es así como conocemos nuestro comienzo, pero jamás lo haremos con nuestro final.

Mientras la nostalgia me trae lágrimas cuando pienso que moriré y que mi corazón  dejará de latir para siempre, surge la melancolía por las veces que quise que tus ojos se cerraran después de los míos; y sin embargo, heme aquí, escribiéndole a un muerto, aunque podría estar escribiéndome a mi misma, de haber partido yo antes que tu.

Y así permanecerá per secula seculorum la eterna interrogante: ¿habríamos hecho el mismo camino de haber sabido lo que nos esperaba al otro lado?

 

Dejaste de quererme

adios

¿Cuándo dejaste de quererme? Me gustaría saber si lo presentiste o simplemente sucedió?  ¿Un buen día te levantaste y ya no me querías? Quizás me fuiste dejando de querer poquito a poco.

Quiero creer que lo nuestro ya había dado todo lo que tenía que dar de sí, aunque siempre pensé que estábamos destinados a envejecer juntos, y precisamente ésto es lo que pudo espantarte de mi lado, quisiste salir a buscar nueva compañía, en brazos más jóvenes, y por qué no?,  volverte a enamorar, empezar de nuevo, bien lejos de mi, lejos de lo nuestro que hacía ya tiempo había dejado de ser lo que fue, un gran amor.

Entre el ayer y el hoy, existe la nada, la misma nada que ahora mismo existe entre tu y yo.  No te preocupes, no haré melodrama de nuestro final, puedes marcharte tranquilo, que tus ojos hacía ya tiempo me dijeron lo que tu boca cobarde no pudo expresar, que ya no me querías.