Inútil quererte

De qué me vale quererte, si ya no me quieres/ de qué me vale esperarte, si no vas a  volver. Llora ahora, tu amor perdido.

Que inútil amor el mío, que nadie recogerá/ que importa el mañana, si tu ya no estás/ que venga la noche, que trae el olvido.

Con desánimo van mis pies, por el camino/ cogiéndole delantera, al destino/ un atisbo de esperanza, asalta mi corazón/ puedo hallarte de nuevo/ más adelante, en tu otra vida.

amor

Instante fugaz

Que gran lección dejada por esa vida pasada que sumergida yace en mi subconsciente y  bajo milenarias tierras que mis pies pisaron, con buena voluntad, grandes sueños y sumando logros que ya ni recuerdo. Y que no son más que mis memorias, que algún día morirán conmigo cuando yo lo haga.

Estas mismas líneas dejarán de existir minutos después de ser escritas. Solo existe el instante fugaz en que hilvano estas palabras, para después morir en el olvido.  La verdadera magia está en la vida que surge cuando alguien, en algún momento, en algún lugar, las vuelve a leer, recuperando el sentido y el mensaje que en su día tuvieron.

Me pregunto, ¿por qué tanto tememos al negro vacío que nos envolverá al morir y no así al negro vacío que nos precedió al nacer?

fugaz

 

Déjame jugar

Acababa de verlo coquetear con tanto descaro que estuvo a punto de ahorcarle allí mismo. La sacaban de quicio sus flirteos de adolescente inmaduro, meciendo pestañas, acariciando con la mirada, tácticas tan archiconocidas por ella.

Ni siquiera comprendía como todavía seguían juntos, sin haberse dicho: vete a hacer puñetas tiempo atrás.  Y cada vez que ella le reprochaba su estúpida actitud, él le respondía con las mismas palabras: “es que tu eres muy seria, tu no me dejas jugar…”  Lo que para él no era más que un juego, para ella era una falta imperdonable de sensibilidad. Pero claro, eran dos formas de ser y de ver la vida diametralmente opuestas, él siempre sería un frívolo sin remedio y ella, la seriedad en estado puro.

A medida que asumió que ni él, ni ella cambiarían su forma de ser, de sentir, de vivir la vida, que él siempre sería un seductor nato y ella la eterna seducida, se dejó de reproches inútiles, disfrutó más de su Casanova, en ese único lugar, en el que se hacen las paces, donde las almas se abrazan, los cuerpos se funden, se guardan las garras, se ama y simplemente se es feliz: la cama.

 

seductor

Lo siento

Lo siento, lo siento se decía a sí misma mientras lloraba sin parar.  No sabes de verdad cuánto lo siento.

Lloraba de pura lástima de si misma, harta de ilusiones rotas y sin esperanzas, se dejó caer.  Una voz quejumbrosa desde dentro le decía, no seas tonta, perdonate a ti misma, las cosas no salieron como tu querías, siempre existió esa posibilidad, pero tu nunca quisiste pensarlo, ahora no estarías así de mal, si desde el principio hubieses entendido a qué jugabas y a qué te arriesgabas.  Nunca hubo seguridad de nada, ni el menor atisbo de éxito, ni amago de acercarte a tu sueño, ahora es doloroso verte así, deberías haberte preparado para lo que podría ocurrir y que de hecho es lo que ocurrido, fracasaste, así de claro.

llanto

Muchas prisas

Como el agua al caer busca su camino, yo buscaba el mío con impaciencia.  Ni caso hacía a mis mayores que me avisaron de no ir con prisa, tienes toda una vida por delante, me decían.  Demasiado joven para que esta idea calara en mi, una creencia propia de viejos, entonces pensaba.

Joven y loca, sabía que mis mejores años se me escapaban, cuando era yo pura lava ardiendo, abrasando y derritiendo todo a mi paso, nada sólido podía entonces labrar. Con los primeros remezones que da la vida, llegaron los primeros derrumbes.

Pasados los años y con el sosiego que nos da la edad, compruebo con desaliento lo desarmada que de joven iba. Cuando menos lo esperaba, llegó la factura a mi improvisación, a tantas ansias de vivir, sin dar tiempo a mis frutos para madurar.  Confieso que he vivido como si no hubiera un mañana.

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La vida en serio

Quería seguir adelante, continuar desafiando a la vida, con coraje como siempre lo había hecho, sin embargo, esta vez algo se lo impedía, consecuencias de su último estrepitoso fracaso, pensó.

Pero no, la culpa la tenían sus 65 años recién cumplidos, que la habían alertado de que a partir de ahora, la vida iba en serio, se planteaba su propio final, se planteaba la pérdida de los suyos, se planteaba la manera de envejecer, vamos, todos esos planteamientos tan impensables a los 30 o 40 años.

¿Entonces qué estaba pasando?  ¿Cómo había cambiado tanto? Era incomprensible pero simple a la vez, una gran conciencia humana se había despertado en ella, y dejó de frivolizar con el mañana y toda la pena del universo cayó sobre sus hombros, le emocionaba lo pequeño y el llanto de su alma se hizo invisible.

meditando

 

La eternidad

Desde ahora y mientras lata mi corazón invocaré tu nombre, permaneceré a tu lado aquí en la tierra, así como en el cielo.

Ruego para que me acojas con amor, agradecido estoy de cuanto me has dado, de mi destino sin igual, diferente a cualquier otro, donde lo extraordinario se vistió de ordinario. Gracias por esos seres maravillosos que me amaron, por los buenos amigos que me acompañaron y ese sin fin de tesoros que me dejaron.

Cuando mi hora de partir llegue, iré hacia ti, alcanzaré tu cielo, allí me fundiré con toda tu inmensidad, contigo, con ellos, con los que tanto amé, me dormiré, soñaré, dejaré de ser y una suave brisa de frescas flores me envolverá, y sobre un tibio sol me recostaré y entonces descansaré.

eternidad