La mirada

Al fin comprendía esa mirada eterna al vacío que de joven tanto la intrigaba, la de aquellos ojos que han llegado a su última parada, la ancianidad.

Es más, muchas veces se había dicho a a si misma, que de mayor no perdería su precioso tiempo mirando al espacio, contemplando la nada, esperando a la muerte, en lugar de vivir cuanto le quedaba.

Sin embargo entre las mil vueltas que da la vida, ahora ella se encontraba de frente con la ausente mirada de su anciano marido.   Y como ironía de la vida, le estaba ocurriendo a un hombre de mente brillante e intelectualmente riquísimo. Con el paso de las horas, días y semanas fue perdiendo su hábito más esencial, la lectura.  Se había hecho taciturno, reservado y  muy silencioso.

Y así ella, un día cualquiera, desveló el misterio infinito del final de una vida. Descubrió que esos ojos ya solo miraban hacia adentro, como la manifestación más pura de la naturaleza, preparándonos para el último viaje.  Imaginó una suerte de cordón umbilical,  enlazando nuestra existencia terrenal con nuestra existencia  estelar.

marido

Omnipresente

¿Se puede estar en dos sitios a la vez?  Sí, si se puede.   Y si no, miradme a mi, que aquí estoy físicamente, mientras mi corazón y mente se quedaron allá lejos, allá de donde vengo.

Y si no fuera por la esperanza que siempre se alberga en el fondo de nuestros corazones, que nuestras circunstancias, el día menos pensado, cambiarán y darán ese vuelco mágico que esperamos, la vida sería muchas veces insoportable,

A cualquiera que se le diga, que ha llegado a su destino, que se encuentra en su última parada, así de sopetón, podría sufrir tal bajón, del que no se recupera.

tren

 

 

Cansancio infinito

Y así lo escribía Rosalia de Castro: “y es que cuando nos rinde el cansancio/ el cuerpo tiende al reposo/ y el alma tiende a lo eterno.

También, otra poeta extraordinaria, Gabriela Mistral decía:  “ha venido el cansancio infinito/ a clavarse en mis ojos, al fin/ el cansancio del día de muere, y el del alba que debe venir/ ahora suelto la mártir sandalia y las trenzas pidiendo dormir./  Y perdida en la noche levanto, el clamor aprendido de ti: Padre nuestro que estas en los cielos, ¿por qué te has olvidado de mi?”

¿Cómo describir el cansancio infinito?  Aquel que arrastra nuestros pies, aquel que sobrecarga nuestros hombros,  aquel que aplasta nuestro pecho, aquel que vacía nuestra mente.

Con solo una caricia, unos buenos deseos, un sol luminoso, un amigo que vuelve, un sentido perdón, una llamada deseada, un oportuno cumplido, alguien que pronuncia con cariño nuestro nombre,  celebra nuestros aciertos, nos demuestra gratitud…  todas inyecciones de ilusión,  nos levantarían de allí abajo, de donde hemos caído.

marchita

 

 

 

 

 

 

Soledad

Fuera donde fuere, allá adonde fuese, la soledad la acompañaba.

Ni el paso de los años había conseguido ahuyentarla, al contrario, el tiempo las había hecho cómplices.

En su época de soltera, la soledad en su vida no tuvo protagonismo, mientras ella iba y venía, de aquí para allá, viviendo intensamente, raramente coincidieron.  Cuando más tarde llegó el que sería su marido, ésta se mantuvo alejada por una larga temporada, lo que tal vez duró su luna de miel.  Después vino el nacimiento del hijo y la inmensa madraza que llevaba dentro, afloró,  La soledad había permanecido oculta durante todos esos años, hasta que sus congojas y largas horas de silencio, reclamaron su regreso.

A la vuelta de los años, en la plenitud de su madurez volvió para hacerle compañía, actualmente no tenía vida social alguna, ni amigos que visitar, ni encuentros que celebrar.  Además, su hijo ya volaba con alas propias y de su marido, en cuidadora era, en su ancianidad.

Bienvenida seas soledad, esta vez has venido para quedarte, verdad?

angel

 

 

 

 

 

No me volveré a enamorar

Oh! canción que traspasas y transportas a otros universos, sentimientos en música,  letra que atrapa corazones.   Poesía pura en otro idioma, distinto al mío y que bien lo aprendí para hoy disfrutarla como una inglesita más: “I will never fall in love again”…  Sublime, sencillamente.

Mientras la escucho, imagino al compositor, haciendo música de su desamor y plasmando en ella, para siempre su emoción.

La interpretación que hace Johnnie Ray me parece única, su voz penetra hasta la médula.  !Dios mio!  cuánto amor se ha de sentir para llegar a componer algo así.

I will never fall in love again – Johnnie Ray

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Mas tristes del diccionario

Unidas la soledad, el silencio y la ausencia, resultan demoledoras.  Desconozco la razón, pero cuando estas tres se juntan, es doloroso.

Suelen llegar por separado  y de lo que estoy casi segura, es que la primera en aparecer es la soledad, trayendo de la mano, al silencio y más tarde, se suma la ausencia.   Esta última, infaltable, para tener nuestro dramón al completo.  ¿Quién no tiene alguien a quien extrañar? ¿Alguien que haya dejado nuestra vida?, ¿Qué haya partido?, ¿Qué nos haya abandonado?.  ¿No os parece una razón de peso para temerlas?

Aunque debo reconocer que fonéticamente suenan bien, suaves al oído, casi una caricia. Pero no nos engañemos, porque el sentimiento que estas tres provocan, es de pura tristeza, y ganas de llorar.

tres

La cumbre

Encaminándome hacia la cumbre voy, como también aquellos que están buscando nuevos horizontes, anhelando oportunidades, ansiando trascender, dar un paso más, acariciar la gloria, alcanzar ese fin soñado y confirmar que no es utopía,  que es realidad.

Allá, bien alto adonde vamos, os podría asegurar que se oirán cánticos a nuestra llegada, con solemnidad seremos anunciados y una voz profunda dirá nuestros nombres, llevando hasta la cima nuestra modesta obra.   Para entonces, tal será la emoción y la gratitud que nos embargará,  que desearemos no despertar, por si fuese un sueño.

Pero aunque breve nuestro gozo, esta bendición perdurará en nosotros para siempre, y ya nunca jamás, volveremos a ser parte del montón.

monton