Mi árbol milagroso

Dulces son tus frutos, centenaria tu fecundidad, añosas raíces sobre las que te yergues frondoso y soberbio. No solo pájaros y mariposas te revolotean, también viejos espíritus a tu sombra se cobijan.

Durante meses abrazada a tu rugoso tronco y desconsolado mi corazón te imploraba, que salvaras la vida a quien se le escapaba, si tu no lo impedías.

Hoy, tras muchas lunas pasadas y habiéndose obrado el milagro, tu, único y silente testigo de lo vivido, vengo así a plasmar mi gratitud por escucharme y atender mis súplicas.

Leal y agradecida soy y siempre sabré, que gracias a tu energía milagrosa ella se salvó y ahí queda eso, en nuestra memoria, para los restos.

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