Líquida la mirada

Líquida la mirada y un gran por qué en tus ojos. Cuanto desamparo hay en esas lágrimas tuyas, cuanto peso sobre tus hombros. Moría por preguntarte sobre tu familia, si la tenías o la tuviste, en fin, despertabas en mi una extraña curiosidad. ¿Serías acaso uno de esos inexplicables perdedores? O mas bien, serías uno de esos seres maltratados por la vida? Tal vez un golpe del destino había empañado tu mirada y aunque seguías respirando, seguías de pie, seguías aquí, en el fondo, muy dentro, estabas muerto.

De tan desolado que me parecías, sentí unas irrefrenables ganas de abrazarte, de hablarte con cariño, en fin, de entregarte algo de mi.  Quería ofrecerte mis oídos y simplemente, sentarme a tu lado y escucharte.

lagrimas

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