Con la lengua fuera

El esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir, escribía Unamuno. El esfuerzo de nuestros recuerdos por sobrevivir al olvido, inminente, inexorable por el paso del tiempo. Fotografías que guardamos a montones, que nos recordarán momentos que ya olvidamos, pero al mirarlas otra vez, vuelve la magia, vuelven a la memoria, detalles de cómo nos sentíamos en el momento que se hicieron, en qué andábamos en esa época, si estábamos en forma, o lucíamos con varios kilos de más, incluso, si nos veíamos guapos o desmadejados con ese  corte de pelo y hacernos la tonta pregunta, de qué pasó con esa linda blusa que tanto me gustaba y que bien me sentaba?  Para terminar pensativos, medio idos y con la vacía sensación de que esa mujer de la foto, era otra, no la de hoy.

Es también inevitable el vértigo que produce el paso del tiempo, comprobar los cambios de nuestra fisonomía, ¿cómo nos hemos hecho mayores?  Pero ¿cuándo ocurrió?  ¿Dónde estaba yo mientras los años me ajaban? !Oh Dios! que valor hay que tener para afrontar nuestro propio envejecimiento. Y como parece que dijo el desafortunado Hemingway, “envejecer no es de cobardes“.

No se porque tengo la impresión, quizás es algo personal, hasta que no pasamos la cincuentena, no somos conscientes de cuánto esta cambiando nuestro aspecto. También, algunos mas afortunados que otros, alcanzan el medio siglo con cambios apenas visibles, nada irreversible, nada que no remedie un buen maquillaje; claro que aquí, pobre de los hombres, no cuentan con los mismos recursos de las féminas. No obstante, hembra o macho, acicalarse hoy, esta de moda.

Aquello que de verdad me intriga,  es cómo lo hacen algunas mujeres mayores, que lucen orgullosas y tan exquisitamente bien puestas de pies a cabeza, presumiendo de buena vida, economía resuelta,  sabias por dentro y sobradas por fuera. Y me pregunto: ¿dónde dejaron la pesadumbre de sus inoportunas arrugas? ¿Acaso les preocupa representar la edad que tienen?  ¿Acaso les importa que esa pañoleta al cuello delate aquello que esconde?

A decir verdad, ya me gustaría ir por la vida tan fresca a los 80, si es que llego.  Y si llego, a ver cómo llego, porque si es con la lengua fuera… ¡Vivir envejece, que diablos!

mature-woman

 

Un comentario en “Con la lengua fuera

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