Ay, ay, ay…

Ay del ay que al alma llega, y ay del ay, si ahí se queda.

Ayer viví ese ay que al alma llega y se quedó en mi todo el día.  Tiempo eterno de abismo absoluto, de nostalgia profunda, en mi cuerpo de lana, de corazón trizado.

Por fortuna, solo me aqueja en los otoños cuando la luz se oculta, se desnudan los árboles, los verdes devienen marrón, el sol se asoma, saluda y se va.  En cambio, el viento, la lluvia y el frío, se quedan. En ese estado vulnerable y frágil en el que me encuentro, no consigo poner mis pensamientos en orden, mi mente va por libre, no se entusiasma con nada. Afloran todos mis sentimientos de frustración, me siento vencida y sin fuerzas para continuar. Es entonces que deseo, quiero y anhelo volverme a mi cama, esconderme entre mis sábanas, dormirme y soñar que todavía tengo otra vida por vivir, más amaneceres por despertar siendo joven y feliz otra vez.

 

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