Comprando ilusión

Desde hacía ya un rato que iba mirando los distintos escaparates, entrando y saliendo de las tiendas, escudriñando con lupa de experto aquellos novísimos diseños recién llegados, en colores para la nueva temporada, curiosas mezclas de tejidos: sedas y terciopelos, napas y lanas, encajes y algodón, locas texturas con cortes cada vez mas atrevidos.  Era un mundo fascinante para quien se consideraba a sí misma, una diseñadora desaprovechada.  Admiraba infinitamente a esos creadores de hechuras y  estampados increíbles.

Tantas veces antes había hecho ese recorrido de abajo, arriba y vuelta a bajar para volver a subir, hasta dar con lo que buscaba, pero no antes de probarse todas y cada una de las prendas que la enamoraban. También la sesión de los probadores tenía su punto divertido, le gustaba comprobar ante el espejo qué tan espectaculares lucirían en ella esos modelos, que en su imaginación, ya le parecían deslumbrantes.

Finalmente llegó a casa y rendida se quito los zapatos lo primero, luego se echó  en el sofá y disfrutó abriendo y volviendo a mirar sus hermosas compras: una chaqueta despampanante y una preciosa blusa a juego.  Con cariño las puso sobre su regazo y se deleitó acariciándolas otra vez. Esa agradable sensación pronto se desvaneció y un triste pensamiento tomó su lugar. Fue entonces que comprendió la inutilidad de su compra.  No tenía ninguna ocasión prevista para estrenarlas, ni siquiera alguien especial con quien lucirlas, tampoco se avecinaba ninguna reunión familiar, vamos, que toda su ilusión, se disipó.

Sintió entonces todo el peso de la inutilidad, su cuerpo tristemente se hundía en el sofá y sin apenas darse cuenta, estaba llorando. Dos grandes lagrimones rodaron por sus mejillas, mojando su preciosa chaqueta.

Su jornada de escaparates no tuvo un final feliz, había descubierto el sinsentido de sus compras y desde ese día, su sed consumista decayó.

 

2 comentarios sobre “Comprando ilusión

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  1. ¿profundo vacío? si tu lo llenas todo. Si tu no estás, no hay nadie; si tu no estás, yo lloro porque tardas mucho; si no veo tu carita de niña me impaciento. ¿cómo puedo llenar ese “profundo vacío? si no es a mi a la que quieres que te ame?

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