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Filosas palabras

Desarmada pareces, corderito manso y dócil hasta que no sacas tus garras y toda la rabia que llevas guardada por años, brota.   Liberas tu ira en filosas palabras, lanzadas para herir, no quieres decirlas, pero siguen siendo tu mejor arma para hacerte oír.

Imposible es anticipar el enojo, los motivos que gatillan tu furia, pocos imaginan que te viene de lejos, de tiempo atrás, de cuando indefensa estabas, porque eras frágil y niña, tiempos en que el dolor y la impotencia te dominaron. Con extrañeza todavía la recuerdas, a tu hermosa madre, siempre silente testigo de lo atroz, que pudo evitarlo y sin embargo, calló.

Sin pretender un psicoanálisis, parece lógico pensar, que el origen de tanta rabia, reprimida durante años y que así de repente, por una palabra, por un gesto, simplemente por algo, vuelve a escocer y sube la bilis desde el vientre hasta tu boca, donde estalla en filosas palabras, queriendo gritar todo aquello que desde niña quisiste increparle a tu agresor, pero nunca el miedo te lo permitió.

ojo

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