La mirada

Al fin comprendía esa mirada eterna al vacío que de joven tanto la intrigaba, la de aquellos ojos que han llegado a su última parada, la ancianidad.

Es más, muchas veces se había dicho a a si misma, que de mayor no perdería su precioso tiempo mirando al espacio, contemplando la nada, esperando a la muerte, en lugar de vivir cuanto le quedaba.

Sin embargo entre las mil vueltas que da la vida, ahora ella se encontraba de frente con la ausente mirada de su anciano marido. Con el paso de las horas, días y semanas fue perdiendo el último hábito esencial de su vida, la lectura.  Se había hecho taciturno, reservado y silencioso.

Y así ella, un día cualquiera, desveló el misterio infinito de una vida en su último invierno, descubrió que esos ojos ya solo miraban hacia adentro y le pareció una piadosa manera de ir diciéndole adiós a esta vida.

marido

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