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Afortunada

Sabías que eres una mujer muy afortunada?  Una y otra vez se hacía la misma pregunta pero una y otra vez, se respondía lo mismo, no, no lo sabía.

Si desde siempre lo hubiera sabido, qué distinta habría sido su vida.  Su mirada sobre las cosas habría sido otra, habría disfrutado más de la vida, sin darle tanta importancia a lo que no la tenía, tanto martirio inútil por preocupaciones estúpidas. Ni que decir de los episodios depresivos que se habría ahorrado. Y todo esto porque simplemente nunca se había tomado en serio su condición de “persona afortunada”.

Ahora la respuesta le parecía muy simple, le hubiese bastado con creérselo. Del momento que una simple idea para a ser una creencia firme y férrea, ya nada, ni nadie puede destruirla. Podríamos decir que tiene los mismos efectos de una vacuna, que nos preserva de futuras dubitaciones contagiosas.

fortuna

 

 

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