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Supongamos que…

Supongamos que se nos agosta el camino a partir de aquí.  Supongamos que es escaso el trecho que nos queda por recorrer, y supongamos que en esta vida ya hemos cumplido con nuestra parte.  Y entonces lo siguiente sería preguntarnos, y ahora qué?

La sola idea de que todo ha llegado a su fin, es insoportable. Toda una conmoción. Viene a ser casi lo mismo que una sentencia de muerte.  Que por cierto, acaso puede haber algo más cruel, que saber cuándo vamos a morir?  No, ciertamente no.   Lo que si sabemos, es que nadie puede predecir nuestro mañana.  Ni siquiera una eminencia medica ante una enfermedad terminal, puede asegurarlo.

Toda existencia tiene un sentido de ser en este mundo loco y absurdo, hasta la criatura más diminuta vive para algo, como le ocurre a la efímera bella flor de un día, que nace y muere en un horrible vertedero o entre chatarra abandonada en el campo; efímera existencia solo comparable a la de una estrella fugaz.   Voy a creer que su pequeñez formó parte de algo grandioso, aunque jamás sea reconocido su sacrificio, al menos no en esta vida que le tocó vivir.

flor

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