Peter Pan

En los días postreros de su andadura, llevaba todavía en los ojos el verde de su juventud y el buen olor del tomillo, la yerba buena y el laurel de sus raíces.   Aunque respiraba a bocanadas los buenos momentos de su vida,  algo le faltaba.

Quiso patear el mundo con los ojos abiertos, con su visión de transhumante. siempre de país en país, sin permanecer por mucho tiempo en ninguna parte. Era su peculiar manera de no atarse a nada, ni a nadie.  Toda su vida fue un continuo estar de paso, libre como un Peter Pan.   Hacía muy poco que había cumplido sus sesenta y estaba echando en falta un hogar, una mujer, unos hijos…, premuras de la edad, pensó.

Llegado a este punto, toda su inteligencia emocional se puso a prueba, no se vino abajo y se rehizo de sus cenizas, buscó un lugar donde establecer su casa, se las ingenió para hallar pareja, conquistó a una hermosa de cuarenta, que también tenía prisa y se pusieron manos a la obra.  En cosa de un año, ambos habían logrado sus objetivos: formar un hogar, él sería padre en unos meses y ella cumpliría su mayor deseo, ser madre.

La historia de este Peter Pan es el mejor ejemplo de que nunca es tarde para vivir otra vida.

familia

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