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Diosa de la Fortuna

Presentía desde hacía unos días la llegada de la diosa de la Fortuna, la imaginaba de dorado toda vestida, llamando a mi puerta, un día cualquiera, inesperadamente, como suelen llegar las buenas noticias, cuando menos se las espera.

Un buen día, hace ya tiempo, vino a visitarme y conocí su imponente presencia. Tenía la apariencia de una virgen María pero en túnica dorada, con cabellera color miel, larga y ondulada. Estaba de pie a la entrada de mi casa, me miro con dulzura y sin palabras me dijo: “soy yo, la diosa de la Fortuna, vengo a realizar tu sueño más largamente deseado, en ese momento me cogió de las manos y me transfirió su paz infinita.

En aquel instante me quedé estupefacta, sin reaccionar y un sofoco me subió hasta la orejas,  las sentí arder como condenadas. Quise decirle mil veces gracias, pero no me salió palabra, estaba petrificada.

La hermosa señora me infundió serenidad con su cálida mirada.  Fue entonces cuando me dio su mensaje: “vive feliz y disfruta de tu afortunado sino, comparte y se siempre generosa.  Y si envidias despiertas por el camino,  no le des importancia, no la tiene, la envidia siempre se queda sola.

diosa

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