Amor déspota

Me descubrí locamente enamorada cuando solo una marioneta era para ti. Me llamabas y yo iba, me decías quédate, y yo me quedaba, vete ahora y yo me marchaba. Mientras sufría como una bestia herida, me preguntaba, si eso era el verdadero amor: sumiso, doblegado, humillado, porque de haber sido así, me habría largado lejos para no volver a verte jamás.

Aunque eso era lo que debiera haber hecho, pobre de mi, para entonces toda mi inteligencia se me había ido a los pies, era incapaz de razonar, estaba sumida en un estado de idiotez.

Estando cerca de él, solo podía decir si a todo, nada podía negarle.  Simplemente le obedecía como una autómata. Cuantas veces quise decirle lo infeliz que era, que ya no aguantaba más su despotismo. Me mordí la lengua mil veces para no decirle a la cara: adiós, ahí te quedas, solo, que es lo que te mereces.

Tras casi tres años de esta tóxica relación, tuve suerte el día que me dejó por otra, porque abandonarle, yo no habría podido.

Y en una de las mil vueltas que da la vida, llego mi gran revancha, cuando supe que con la otra, por la que a mi me dejó, pagó todo el mal que a mi me hizo.  Justicia divina, pensé.

despota

 

 

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