Remordimiento

Fue marcharte tu y llorar tu partida. Lo había dejado ir, al amor de mi vida, sin decirle cuanto lo amaba y aún no lo entiendo, ¿qué me impidió pedirte que te quedaras?

Hay cosas que ni el tiempo puede contestar. Recuerdos indelebles que rezagados duermen en lo profundo, hasta que un leve aleteo los despierta y vuelven a surgir tan vivos como el primer día.

Cuanto lamento desde entonces, no tragarme mi orgullo y pedir que te quedaras. No renunciar a ti como lo hice, dejándote marchar como si nada.  Solo hoy lo veo, como lo que fue, una estupidez.

¿Qué habría sido de nosotros, si aquel día me hubiese dado la vuelta para pedirte que no te fueras, que te quedaras conmigo?  Solo Dios lo sabe, tu y yo, ya no lo sabremos.

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