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Cada puerto un amor

La vida alegre comenzó para mi esa fría noche cuando te conocí.  Había bajado al bar a por tabaco y ahí estabas tu, sentado en la barra, bebiendo no recuerdo qué.

Me fuiste presentado como el eterno viajante, siempre pateando mundo, siempre marchando, siempre llegando.  Esa vez venías de Lausanne y eso fue todo música para mis oídos, viajante me dije y ahí mismo me quedé prendida de ti.

La verdad es que debí haber huido bien lejos esa noche y evitarme la calle de la amargura que transité por ti.  Era de imaginar que tu como los marineros, tendríais un amor en cada puerto, pero Cupido no falló y con su flecha justo en la diana me dio, a quien más ofrendas había hecho por un amor, a todos los santos del santoral.

ofrenda

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