Dos minutos y olvidé

Acabo de olvidar, que me heriste. Ya no recuerdo, qué me dijiste. Ni dos minutos dolieron, allí dentro. Que fugaz el desamor y sempiterno, el amor.

Piadosa es mi memoria, que borra los zarpazos, que van al corazón. Mis negros recuerdos, rezagados quedan, en la oscuridad.

Aunque no lo creas, tus filosas palabras, el viento se las lleva. Mis oídos sordos, tampoco las escuchan.  No mientras tu rabia fluya y tu amor se calle.

 

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