Duchándome

Tibia como una caricia, se desliza suavemente tu torrente de agua sobre mi.

Agua que corres devolviendo la ligereza de mi juventud, llevándote mis sueños de la noche enredados entre las sábanas.

Enjabono en sensualidad mi cuerpo y otra vez se hace palpable la tersura de mi piel.  No puedo evitar que el aroma de su espuma me transporte a mis fugaces dieciocho.

Torrente de agua bendita que me liberas de todos mis malos pensamientos y me acaricias con tu riego cada mañana.

Agua que a cascadas caes, no rompas mis sueños en pompas de jabón.

 

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