Tirón de orejas

Sufrió un auténtico tirón de orejas de sus majestades, sus ángeles.  Un castigo del que tardaría tiempo en recuperarse.

Todo aquello le sobrevino tras una negrísima percepción de si mismo, se le fueron acumulando los reproches y remordimientos en su alma.

Una vez asumido que debía dejar de mirar el lado equivocado de las cosas, se propuso curarse de sus sentimientos de injusticia, de su constante victimismo, depurar sus resentimientos y finalmente dejar atrás, todo aquello que le estaba convirtiendo en esa persona en la que ya no se reconocía.

Con gesto de humildad asumió sus faltas y decidió con lucidez, recuperar esa vital y generosa persona, que en su día,  conseguía enamorar con su encanto.

Al cabo de un tiempo y después de una profunda catarsis, sintió que al fin había superado la prueba y otra vez,  volvía a contar con la gracia de su corte celestial.

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