Mis hados

El perejil y la cicuta son fáciles de confundir por su apariencia.  Trampa mortal de la naturaleza para quien se deje llevar por las apariencias.

También el azar nos puede engañar, haciéndonos creer que finalmente nos agraciará con un golpe de suerte, o con la fortuna que tanto anhelamos, aunque también podría traer solo desgracias a nuestra vida.  Veleidoso y caprichoso es el azar, nunca se sabe de que lado viene, si para bien o para mal.  

Pero si lo que pretendemos es llamar la atención de la fortuna, mejor sería congraciarnos con los hados. Ellos no son más que nuestros propios Pepito grillos, a los que casi todos ignoramos.  A veces tardamos años, más de media vida en descubrirlos, reconocer su existencia y empezar a mostrarles nuestra gratitud, ser amable con ellos, contentarlos con nuestro buen hacer, nuestros anhelos de felicidad y sueños de progreso.  Y recordad que para contar siempre con su beneplácito, deberéis siempre manteneros alejados de lo abyecto, mezquino y miserable.

duendes

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