Mi coche

Llevaba ya unos cuantos años desde que ella caminaba confiada y segura por la vida, aunque lo suyo más que caminar, era  conducir, le encantaba coger el coche y dejarse llevar por las anchas avenidas, hasta perderse en los recovecos de su ciudad y embeberse de esa libertad que solo las cuatro ruedas le brindaban.  Por esto, cuando se vio privada del placer de conducir, de sentarse al volante y echar a volar la imaginación, su frustración superó todos los límites imaginables.

Habiendo comprendido la importancia para ella de contar con su propio coche,  removió cielo y tierra y no cejó hasta conseguir comprarse uno suyo. Además, y ya puestos, este sería del color y estilo con el que siempre ella había soñado.

Aún siendo plenamente consciente de que no deberíamos depositar toda, o gran parte de nuestra felicidad, en algo material, como es un coche en este caso, insistiré en el efecto catalizador que tiene en nuestro día a día, el placer de ese algo material en nosotros.

 

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