La vieja del espejo

Una mañana cualquiera vas y te acercas distraída a mirarte al espejo, una simple rutina antes de salir, una manera de confirmar que todo esta bien: maquillaje, pelo, ropas, en fin, que nada desentona y de repente, sin venir a cuento, tus ojos se quedan clavados en esa vieja del espejo, a la que no reconoces, pero sin embargo, eres tu.

Es así como el paso del tiempo me estremeció, a traición, sin apenas una tregua para prepararme ante la evidencia, de cómo se me ha pasado la vida. Pues ese día, las horas fueron lentas y pesadas y encerrada en mi misma me quedé, ya no quise salir, ni ver a nadie por el resto del día. Quería evitar que me preguntaran: qué me pasaba. Tampoco  habría sabido que decir, ni que contestar, no me pasa nada, es solo que estoy  envejeciendo.

¡Plop!

 

4 comentarios sobre “La vieja del espejo

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