Seguridad en quilates

Que absurdo me parece hoy, tomando distancia, todos esos tontos complejos que de joven me atormentaron. Malgasté gran parte de mi juventud, queriendo ser lo que no era, deseando ser otra, que finalmente, no llegué a ser.

Todavía recuerdo que no me gustaba mi risa y reprimía la carcajada, que me sonaba escandalosa. Otra gran inseguridad que tenía: era al hablar, no sabía qué decir, sobre qué conversar, si dar o no mi opinión, en fin, lagunas propias de una pobre formación.  En el fondo, fue mi gran timidez magnificada por esa fisonomía de mujer fatal que me envolvía y que nunca convenció como modosita.

Ahora bien, que duda cabe que las tablas se ganan con los años y todo ese manojo de inseguridades se supera, lo curioso es que ni siquiera recuerdo las peripecias que tuve que pasar para superarlas.

Siempre pienso que distinta habría sido mi vida de haber tenido una pizca de desparpajo y unos cuantos quilates de seguridad en mi misma, creo que me habría comido el mundo.

 

 

2 comentarios sobre “Seguridad en quilates

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