El principio

Que fácil es ver el principio de las cosas y qué difícil es ver su final.  De haber conocido tal o cual desenlace ¿habríamos tomado entonces la misma decisión? ¿Tuvimos alguna otra opción cuándo las circunstancias nos acorralaban? ¿Habríamos actuado de otra manera si la ignorancia no nos hubiese cegado? ¿Y si aquel amor no nos hubiese fallado? Probablemente sí, pues muchos ilusos creímos que al destino se le podía torcer la mano.

Aunque el corazón no se aviene muy bien con la razón, es la sabia naturaleza la que  finalmente domina, cuando hay casamiento entre un corazón y la razón, surge la magia mas poderosa del universo, en la comunión de nuestros padres, en ese único acto de amor que nos traerá a este mundo.  Es así como conocemos nuestro comienzo, pero jamás lo haremos con nuestro final.

Mientras la nostalgia me trae lágrimas cuando pienso que moriré y que mi corazón  dejará de latir para siempre, surge la melancolía por las veces que quise que tus ojos se cerraran después de los míos; y sin embargo, heme aquí, escribiéndole a un muerto, aunque podría estar escribiéndome a mi misma, de haber partido yo antes que tu.

Y así permanecerá per secula seculorum la eterna interrogante: ¿habríamos hecho el mismo camino de haber sabido lo que nos esperaba al otro lado?

 

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