Club tercera edad

rostro

Nunca imaginó lo cruel que sería el día que su cara bonita entrara a formar parte del mundo transparente, mientras el paso del tiempo desdibujaba sus rasgos a medida que los años volaban hacia atrás.

Ahora que se incorporaba al club de la tercera edad, comprendía aquel frenesí por los tratamientos anti-edad, por el botox, por la silicona y de todo cuanto haría falta por parar lo imparable. Y en esa huida hacia adelante, olvidar la huella que el paso del tiempo va infligiendo en nuestra piel.

Y así comienza la protesta y el pataleo inútil por lo que día a día perdemos, sin que nada, ni nadie pueda impedirlo. Cada mañana, al levantarnos nos enfrentamos a nuestro nuevo yo y a unas pocas lágrimas que añoran volver a seducir, volver a ser quienes éramos, volver a conquistar el mundo.

Qué difícil es dejar de evocar lo imposible, de llorar en vano y simplemente, aceptar con naturalidad a la madre naturaleza, que viene a proponernos nuevas maneras de ser feliz y disfrutar de otros placeres que la vida nos reserva.  De todos modos, le vale la pena al guapo saber, que allá adonde vamos, solo cuenta el contenido y no el envoltorio.

 

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