Mi vida sin ti

cruasan

Algo imposible de imaginar me parecía entonces la vida sin ti, continuar como si nada, cuando rengueando el alma se me quedó.  Las semanas me parecieron años y los meses,  siglos interminables.

Desconocía el océano de lágrimas que albergaba dentro de mi y aunque trizado, seguía  latiendo mi corazón.  Recuerdo las noches en que rendido caía mi cuerpo y  aletargados mis párpados se dormían, vencidos por el olvido.

Y cuando ya creía que Dios me había olvidado, un rayo de sol vino a liberarme del pozo donde yacía, iluminó mi rostro, despejó mi mente y una misteriosa esperanza me sacó de la cama.  Me encontré de pronto, respirando el aire fresco de la calle y sin saber cómo, me hallé sentada en una cafetería, esperando por un café y un apetitoso cruasán. Todavía recuerdo ese momento como algo mágico, pues enseguida me sentí viva y disfruté como nunca del sabor de mi prosaico café y cruasán. 

El placer por las pequeñas cosas de la vida, están siempre ahí, siempre a mano, aunque no seamos capaces de verlas.

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