Ley de vida

Tu caminar es lento, vacilante, resignado, como queriendo parar el tiempo. Ahora entiendo ese desganado pisar tuyo, es el triste paso de quien no quiere marchar.  Inevitablemente, el tiempo se agosta, hace ya un rato que la idea te ronda, se acerca la hora, la hora de irse,  pero hacia dónde?  ¿Y qué prisa hay?

Cada día tu andar se hace más lento, trémulo, te rodeo con mis brazos, queriendo infundirte calor, y tú me respondes: “me abrazas como si yo fuera un roble fuerte y ya no soy mas que una liana“.

Ahora lo sé, ahora lo entiendo, qué se siente cuando se llega adonde tu te encuentras ahora.  La soledad, el miedo a partir, a dejar de ser, a emprender el último viaje, y hacia dónde? ¿Qué hay al otro lado? Nadie lo sabe, son solo suposiciones, historias que se cuentan, bonitas ilusiones que consuelan.

Es una ley de vida, solías decirme veinte años atrás, pero ahora ese adiós se acerca, no puedes evitarlo, sabes que finalmente ocurrirá, pero quisiera que creyeras, desde lo más hondo de tu ser, que el amor y la belleza se irán también contigo al otro lado.

Hay solo una cosa capaz de conformar el alma cuando nuestro final se acerca, como una epifaníavolvernos a encontrar con nuestros seres amados al otro lado.

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