Milagros

albaricoquero

Acabo de descubrir entre el follaje de mi viejo árbol albaricoquero, una rama toda florecida de una extraña flor de color naranja, en forma de pequeños plumeritos, de un brote totalmente distinto al propio del Albaricoque, y lo he querido interpretar, como un arrebato milagroso de la naturaleza.  Como si por arte de magia, la minúscula semilla de una especie japonesa, hubiese venido a germinar en sus añosas raíces.

Curiosamente, esto me ha traído a la mente la idea del milagro, que mientras éste no es reconocido como tal, es como si jamás hubiese existido. Por ello, y tal vez, en nuestras vidas cotidianas somos tan poco dados a creer en milagros, no porque éstos no existan, sino porque no somos capaces de distinguirlos entre: lo que es una mera coincidencia y  un verdadero milagro.

Quizás sea verdad aquello que detrás de un milagro se esconde nuestro ángel de la guarda.

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