Como matar a una intelectual

intelectual

La interrogante más correcta sería: qué es lo que mata a un intelectual, y no el cómo.

Si desmenuzamos ese cómo, de entrada diría que explotando su buena disposición para las tareas domésticas, cargando y descargando continuamente los carros del supermercado, horas de cocinado, preparando desayunos, meriendas, lavando platos y cacharros, pasando la aspiradora,  sacudiendo el polvo, cargando lavadoras, mudando ropas de cama, reponiendo toallas, en fin, es un largo etcétera.

Como resultado tenemos, horas de tareas obligatorias, pero necesarias. Una casa desatendida porque sus moradores están muy ocupados satisfaciendo sus necesidades intelectuales, sería un auténtico caos.  Imaginaros solo por un momento, los niveles de suciedad acumulada, los cristales oscuros de polvo, días sin recoger la basura, una nevera enfriando el frío, comiendo solo comida preparada, la ropa sucia durmiendo eternamente, y el baño, quizás sea lo peor, lo más asqueroso.

Viendo lo visto, y exceptuando a una gran mayoría que no podría permitirse una empleada de casa, ¿en qué momento esta persona podría ocuparse de sus asuntos, revisar sus trabajos, adelantar ese proyecto que lleva días aparcado, de repasar y reflexionar sobre el reportaje que duerme en su escritorio, coger ese libro que compró hace semanas, concentrarse por unas horas y escribir?  Como veréis mis queridos, es misión imposible, no hay tiempo para las neuronas, solo tiempo para la fregona.

 

 

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