Gato de chalet

Tras varios años postergando el regreso a casa, llegó el día de bajarse del avión y aterrizar en su vieja aldea llena de cariño. Penosamente, la bienvenida le pareció una sentencia de arresto domiciliario con orden de alejamiento de la buena vida que llevada hasta entonces.

Esto es algo duro de encajar para alguien que lleva mas de media vida en la vorágine del trajín, de quienes apenas abren los ojos cada mañana, tienen la cabeza llena de planes y grandes proyectos, y así en frío y de golpe un día, pasa simplemente a levantarse de la cama.

Al cabo de las semanas y una vez sacudida la nostalgia que llevaba encima, fue acomodándose y entrando en razón, aceptando que tampoco estaba tan mal gozar de su propia casa, de su buen coche, y empezar a disfrutar de su pensión en euros en el país de los pesos. Que viene a ser lo mismo, que la privilegiada vida de un afortunado gato de chalet.

Siendo bien realista, debo admitir que una vida normal suele ser bastante aburrida, pero como tampoco es posible vivir eternamente en fantasilandia, subido a la montaña rusa, con fuegos artificiales a todas horas, !que remedio!

Y después de todo, ahora va a resultar que la tranquila vida del gato de chalet, es la más semejante a la suya, la de una tigresa en retiro.

 

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