El camino

El placer de pensar mientras camino, ando y cavilo, dando vuelta a mis ideas, aclarando bobadas, y hasta olvidarme de quien soy.  Hay que ver cuánto me rinde y lo bien que me sienta paseando la vida. Llego a mi destino con una agradable sensación de cansada paz.

No hace mucho tiempo, desde que he comenzado andar el camino que todos quisiéramos evitar, y muchos quisiéramos burlar; aquel camino inexorable que nos espera en alguna esquina de nuestra vida. Quizás por ello, he bajado bastante el ritmo de actividad últimamente, ahora voy con más calma, e intento estar más presente mientras la vida transcurre.  No tengo prisa, se acabaron las carreras para mi, allá adonde voy, no se me espera todavía, por ello es que vivo más intensamente que nunca, gozando de cada  nuevo día de luz y de vida.

Algo muy especial me ocurre cuando voy por la calle, fijándome en aquellos de la misma quinta mía, buscando en esos ojos la historia de sus vidas. Me reconozco en aquellas miradas, que hablan de tiempos pasados, de gloria, alegrías y esplendor, días de pasión, de sabiduría, ganada golpe a golpe, de pérdidas sin cicatrizar. !Oh Dios! cuánta resignación hay en aquellos ojos,  de miradas insondables y profundas, cada vez más profundas, cada vez más insondables, como la vida misma.

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