La sombra del ayer

Viene esa hermosa mujercita de ayer llorando ante la marchitada mujer de hoy, un torrente de lágrimas baña sus mejillas y va gimiendo como un animal herido.  No hay argumentos para calmarla, no hay remedio para su mal, la vida se le ha pasado como un suspiro y ahora se lamenta.

Hasta los muros se estremecieron con su llanto, como si pudiesen sentir su desconsuelo. Dolor ciego e inútil por aquello que se ha perdido para siempre y que ya no volverá jamás.

Es el llanto por la pérdida, una súplica del alma, un ruego implorante para que vuelvan las mariposas a revolotear,  y ser el sueño de alguien otra vez.

De ese ayer de esplendor no hay testigos, solo quedan viejas fotos, en álbunes amontonadas por ahí, son mudo testimonio de aquella linda vida que en su día fue.

Tan falta de esperanzas te veo mujer de ayer, que solo eres capaz de ver el abismo de la soledad que te espera a la vuelta de unos años.

Cuando se cree que ya todo esta perdido, llega la resignación y te abraza, envolviéndote con su olvido.  Hay algo mujer que tu no podías saber, y es que mientras tu dormías, cada noche tus sueños huían hacia el ayer.

Querida mía, no hay vuelta atrás, échate el olvido a la espalda y camina un día más y otro más, pero no vuelvas la vista atrás, si no quieres volver a llorar.

 

3 comentarios sobre “La sombra del ayer

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