Ay de las circunstancias

Entumecida mi persistencia y sofocados mis sueños, a punto de rendirme, vengo repitiendo mi nombre que es la única certeza que tengo, y así de repente, empiezo a comprender lo que me ha traído hasta aquí, mis circunstancias.

Tanteando muros, esquivando piedras del camino para no darme de bruces con ellas, mis veleidosas circunstancias se camuflan y cuando crees haberlas controlado, !zasca!, te sorprenden, te aturullan, te arrugan, te zarandean, vamos, que pueden dejarte boca abajo y patas arriba.

Ellas, nunca se sabe de que color vendrán vestidas, si, de rojo furioso, sí de pálido celeste, si de gris oscuro o de negro riguroso, la cosa es que siempre nos pillarán desprevenidos.  Si además, nos sorprendieran en días bajos, podríamos quedar hechos polvo, y bueno, si andamos de buenas, hasta podríamos salir refortalecidos.

Ay de las circunstancias!   Yo y mis circunstancias, finalmente siempre serán causa y efecto tras tomar tal o cual camino.

 

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