Ay de las circunstancias

Entumecida mi persistencia y sofocados mis sueños, a punto de rendirme, vengo repitiendo mi nombre que es la única certeza que tengo, y así de repente, empiezo a comprender lo que me ha traído hasta aquí, las circunstancias.  Tanteando muros, esquivando piedras del camino para no darme de bruces con ellas, mis veleidosas circunstancias se esconden y cuando crees haberlas controlado, !zasca!, te sorprenden, te aturullan, te arrugan, te zarandean, vamos, que pueden dejarte boca abajo y patas arriba.

Ellas, nunca se sabe de que color amanecerán vestidas, si, de rojo furioso, sí de pálido celeste, de gris oscuro o de negro riguroso, la cosa es que siempre nos pillarán desprevenidos.  Si además nos sorprendieran en días bajos, podríamos quedar hechos polvo, y bueno, si andamos de buenas, podríamos incluso salir refortalecidos.

Ay de las circunstancias, que juegan con nosotros, aunque hay algunas buenas predicciones astrales, la verdad es que nunca podremos estar completamente seguros de nada, ni menos si las tornas cambiarán a favor o en contra nuestro, no es posible verlas venir, y quizás, apenas intuirlas.

 

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