Quién te oye

Hasta el cielo lloraba cuando oyó su llanto.  Un profundo dolor la arañaba por dentro  empujándola al abismo: ya está, se acabó, déjalo – su yo le gritaba.

Algo dentro de ella se rebelaba, quería seguir peleando, quería intentarlo otra vez, volver a empezar, y en medio de un desgarrador sollozo se escuchó: ¡Oh mi Dios, dame otra oportunidad!

Si Dios atendería a su plegaria, solo El lo sabía.  Porque lo que es ella se levantó llena de esperanza, ciega de fe y se prometió a sí misma que esta vez tenía que ser, esta vez vencería.

Apenas hubo decidido que comenzaría de nuevo con su vida, que escribiría derechito, en limpio, sin tachones ni faltas, le prometió a su Dios con toda la fe que en ese momento la embriagaba y se dijo: esta vez haré las cosas bien, porque lo haré en tu Nombre. ¿Y cómo podría fallarte si eres Tu, mi Dios, quien cree en mi?

Fue algo mágico, cuando mirando al cielo de su boca salieron estas palabras:  “quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta”

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