Cavilando

Tras el largo caluroso verano, deambulabas con pasos pensativos entre hojas muertas del otoño, y con la mente puesta en ese punto gris donde todo lo vivido se borra.  Intentabas recordar en qué momento dejaron los años de caminar a tu lado y  precipitaron su alocado galope hacia tu fin.

No comprendes ¿cuándo tus horas empezaron a volar? ¿Y cuándo tus años se hicieron fugaces? ¿Adónde fueron a parar esos días?  Y todo ese tiempo mientras las hojas del calendario iban cayendo indiferentes.

Ya llega el aire apesadumbrado del otoño, con sus vientos despojando todo el  frondoso verde a su paso.  Y la luz ya inquieta por marchar emprende poco a poco su fuga hacia el otro lado del mundo. Y mientras éste gira y gira, vuelves a recordar a tus estrellas fallecidas, a las que ni por un solo día has dejado de querer.

Ahora negada estas a beber sin sed, prefiriendo dormir tus sentidos hasta el regreso de la primavera, cuando ésta despierte en ti otra vez, las ganas de vivir con las primeras flores de tu jardín.

 

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