Que será, será

Ciegamente enamorada se fue metiendo en la boca del lobo.  

Confiada en los buenos augurios de las señales que le llegaban, y en los vientos que soplaban a favor del vuelo que estaba a punto de emprender, se lanzó a la aventura.

Fue así que al marcharse, cerró todas las puertas que le habrían permitido volver a empezar, en caso de no hallar lo que buscaba, allá adonde iba.

Era tanta la prisa por llegar a su destino, instalarse, hacerse de un nuevo hogar,  empezar a vivir la vida que tanto había deseado, que olvidó dejar algunas ventanas abiertas por si le hubiese tocado devolverse por donde vino.  Y como dice el refrán: procura no ir esparciendo espinas por el camino. Tal vez te toque volver descalzo.

¿Acaso alguien piensa en guardar para mañana, si hoy tiene de sobra?

Llegados a este punto, tristemente ella puede admitir, que aún poniendo toda la ilusión del mundo en un proyecto, si uno no esta predestinado a cumplirlo, este no se realizará.  

Cuanto fatalismo encierra esta idea, pero la experiencia le había enseñado,  que hiciera lo que hiciera, se pusiera como se pusiera, si ese algo que tanto perseguía no era para ella, jamás lo sería.

Supremo error del pasado fue confiar su destino a las veleidades del corazón.

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