La vida en serio

Quería seguir adelante, continuar desafiando a la vida, con coraje como siempre lo había hecho, sin embargo, esta vez algo se lo impedía, consecuencias de su último estrepitoso fracaso, pensó.

Pero no, la culpa la tenían sus 65 años recién cumplidos, que la habían alertado de que a partir de ahora, la vida iba en serio, se planteaba su propio final, se planteaba la pérdida de los suyos, se planteaba la manera de envejecer, vamos, todos esos planteamientos tan impensables a los 30 o 40 años.

¿Entonces qué estaba pasando?  ¿Cómo había cambiado tanto? Era incomprensible pero simple a la vez, una gran conciencia humana se había despertado en ella, y dejó de frivolizar con el mañana y toda la pena del universo cayó sobre sus hombros, le emocionaba lo pequeño y el llanto de su alma se hizo invisible.

meditando

 

La eternidad

Desde ahora y mientras lata mi corazón invocaré tu nombre, permaneceré a tu lado aquí en la tierra, así como en el cielo.

Ruego para que me acojas con amor, agradecido estoy de cuanto me has dado, de mi destino sin igual, diferente a cualquier otro, donde lo extraordinario se vistió de ordinario. Gracias por esos seres maravillosos que me amaron, por los buenos amigos que me acompañaron y ese sin fin de tesoros que me dejaron.

Cuando mi hora de partir llegue, iré hacia ti, alcanzaré tu cielo, allí me fundiré con toda tu inmensidad, contigo, con ellos, con los que tanto amé, me dormiré, soñaré, dejaré de ser y una suave brisa de frescas flores me envolverá, y sobre un tibio sol me recostaré y entonces descansaré.

eternidad

Inolvidable

Me alivia la inexistencia del retorno, así como el perdón de mis pecados.  Que no son tal, puesto que el amor todo lo sublima. Inevitable es amarte hasta en el recuerdo, aunque ya no lloro con tus fotos, ni con tus enamoradas epístolas, pero aún me ruborizan los chispazos de pasión sobre mi piel.

No parece tan lejano, tu y yo, compartiendo los colores de esa buena vida que tuvimos: el amarillo de las tardes, nuestro azul de fondo, mientras el viento nos abrazaba sin querer dejarnos partir.

Ya ves, todos mis recuerdos están llenos de ti, ¿cómo voy a olvidarte entonces?

cartas

 

Pequeña flor

Te descubro abriéndote paso pequeña flor, surgiendo de las profundidades, trayendo color y vida a tu yelmo alrededor, única en tu especie, solitaria en la más basta inmensidad.

¿Qué vienes a ofrecernos bella flor de un día?  ¿Cuál es tu minúscula misión? ¿Acaso es tu manera de insinuarnos que tu creador está en todas partes? ¿Hasta en los rincones más olvidados para nacer y morir?

En tan exiguas horas de vida qué quieres decirnos?  No voy a arrancarte la vida por capricho, vive y cumple con tu ciclo divino pequeña flor, alégranos un día más.

flor

 

Gloria final

Mientras descansaba el silencio con la vista puesta en el ocaso, mi mente se fugaba hacia atrás. Imparable mi memoria recapitulando, buscando resquicios de felicidad, removiendo empolvados recuerdos,  en un ataque de nostalgia.

Fijando la mirada en mi época más feliz, me animaba a mirar hacia adelante, manteniendo la ilusión, sin dejar de soñar un glorioso final, como destino de mi vida, así como fuegos artificiales cierran el espectáculo, así mi adiós dejaría postreros destellos para la eternidad.

final

 

Pasando página

Me echaste de tu vida cuando mas te necesitaba, cuando mas vulnerable era, cuando mas sola estaba.

Me pongo en tu lugar y con tristeza asumo tu desapego.  Entiendo que llegaba tu hora de pensar en ti mismo, vivías tu momento y el de nadie más. Y así fue como desaparecí de tu presente, me convertí en tu pasado e inexistente en tu futuro.

Pasaste página a una nueva fase de tu vida, llena de ilusiones y de proyectos, mientras que yo ni  siquiera se si todavía tengo alguna página por pasar.

paginas

Y no pude

Quise dejar de quererte, pero no pude. Quise retenerte en el tiempo y sucumbí. ¿Cómo dejarte cuando tus ojos todavía me amaban? ¿Cómo partir, si mi corazón prisionero estaba?

Lejanas fronteras sellaron nuestro querer, ni teléfonos, ni correos nos acercaron, y mudo en la distancia nuestro amor moriría.

Nada que hacer amado mío, fue nuestro destino, que escribiéndose estaba, mientras tu y yo nos soñábamos juntos.

No pude