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Luctuoso

Deseaba que nadie se fijara en él, esquivaba las miradas que escudriñaban en la suya. Le parecía obsceno exhibir su sufrimiento e insoportable la curiosidad de los demás.

Resultaba fácil ocultarse en esa multitud cómplice e indiferente, donde su existencia pasaba desapercibida. Era el momento para borrarse del planeta y ser ignorado. Nadie le sacaría de su encierro en sí mismo y como una ostra recogido en su soledad y silencio permanecería.

Acababan de arrancarle una parte de su ser, sin testigos, ni ojos indiscretos acechándole, se disponía a sobrellevar su duelo. Se hallaba rodeado de las cosas más hermosas del universo: entre árboles eternos el sol le hacía guiños, flores majestuosas, aguas cristalinas,  trinos encantados, brisa perfumada y una luminosa gruta donde rezar.

gruta

 

 

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Ya se de qué murió

No podía quedarme así, sin saber de qué murió mi vecina joven y guapa.  No paré hasta conocer los rumores que circulaban por la calle, mientras era velada, se veía entrar y salir gente de su casa, algunos muy afectados y llorosos, iban a darle el último adiós a mi anónima vecina.

Sobre la desafortunada difunta acabé enterándome, de que tenía 30 años y llevaba dos sobrellevando un diagnóstico fatal de cáncer de útero. Mientras en ella se estaba gestando una nueva vida, a la vez se estaba gestando la enfermedad que la mataría. Cual trágica coincidencia, cuando ella dio a luz a su hijo, también dio a luz a su mal.

Las dos veces que la divisé, iba en silla de ruedas y lucía una cabellera larga y abundante, por ello descarté el cáncer como motivo de su muerte, no tuvo opción alguna de tratamiento.  ¡Que horror!  Una verdadera sentencia de muerte a sus 28 años, recién casada, llena de ilusión y de ganas de vivir.

Tras el cortejo fúnebre, va su marido solo en su coche, tal vez con la mente inmersa en sus recuerdos, amándola en silencio y quizás soñando con ese amor eterno que se juraron y que ya no podrá ser.

¡Pobre mi vecina! como quiera que te llamaras, vuela alto hermosa mujer.

duelo

 

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Murió mi vecina

Murió mi vecina, me acabo de enterar.  Intento recordarla pero apenas la divisé una sola vez, iba en silla de ruedas y parecía cuidada por aquellos que la vestían, peinaban y en pleno invierno, bien abrigada la llevaban.

Intento imaginar el dolor de su gente y me pregunto si sería su marido ese hombretón cabizbajo apoyado en el quicio de su puerta, se le veía muy abatido.  ¿Le habrá dado tiempo a esa pobre mujer de tener hijos?  ¿Que enfermedad sufriría?  Para llevársela así tan pronto. Debió ser muy repentino. Cuántas interrogantes se van con ella, es el misterio de una vida que acaba de apagarse.

Quizás luego sepa algo más de cómo ocurrió. La mujer era joven y de ahí tanto estupor. Qué horror, como siempre la muerte nos golpea, aunque sea la de alguien que ni siquiera llegamos a  conocer.

corona

 

 

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Reloj detén tu camino…

Madre mía cómo brillaba el sol cuando jóvenes eramos. Mientras ahora me encamino hacia mi vejez, un camino nuevo para mi, totalmente desconocido, nunca antes estuve ahí y ya nada ni nadie en este universo podrá pararlo, modificarlo o retardarlo.  Ya nada puede impedirlo, es irreversible.

Hace unos días todas mis alarmas saltaron, alertándome del comienzo de un proceso que me conmocionaría y al que debería enfrentarme.  Sin escapatoria posible, puesto que el reloj no se detendrá jamás, ni en un millón de años, el tiempo seguirá su curso, siempre imparable, siempre inexorable.

Vuelvo atrás la vista, intentando recordar la mirada de mi abuela y la de mi madre, quienes antes que yo pasaron por ésto e intento evocar algo de ellas, de cómo lo vivieron, cómo lo sufrieron, cómo lo superaron, si es que alguna vez lo superaron.

Y no logro recordar de ellas ningún gesto lastimero, derrotista o alguna lágrima derramada por su vejez. Simplemente pasó, con dignidad y donaire lo vivieron y con la misma fuerza de la juventud y belleza que en su día tuvieron, se hicieron viejas, pero hermosas.

vieja

vieja

 

 

 

 

 

 

 

 

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Dos minutos y olvidé

Acabo de olvidar, que me heriste. Ya no recuerdo, qué me dijiste. Ni dos minutos dolieron, allí dentro. Que fugaz el desamor y sempiterno, el amor.

Piadosa es mi memoria, que borra los zarpazos, que van al corazón. Mis negros recuerdos, rezagados quedan, en la oscuridad.

Aunque no lo creas, tus filosas palabras, el viento se las lleva. Mis oídos sordos, tampoco las escuchan.  No mientras tu rabia fluya y tu amor se calle.

odio

 

 

 

 

 

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Mañana será otro día

Bajo mis párpados/ vencidos de llorar. Caen mis párpados/ clamando descansar. Desnudos/ sin maquillaje/ con descaro muestran su pena.

Cierro mis ojos/ cansados de abrirse/ de no ver lo que quieren ver.

Tristeza en los ojos/ mirada franca/ sin disimulos/ asoma la verdad.

Una sola palabra tuya/ y me levanto.  Un solo gesto tuyo/ y ya no lloro más/ prometido.

Y en mi turbación/surge una mano amiga/ que roza la mía/y suave su voz me dice/ que llore/ que lo llore todo/ que fuera tire/ toda mi tristeza/ que mañana/ será otro día.

ojos

 

 

 

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La segundona

Siempre ibas tu delante que yo te seguía. Así eran las cosas y ya tenía asumido mi papel de figurante, no tenía las tablas que hay que tener para ser la protagonista y era también mi triste manera de mantenerme a tu lado. Bien que sacaste rédito de mi patética inseguridad.

Desde aquella vez que te escuché calificarme de excellent house keeper, o lo que es lo mismo, de tu criada favorita, me sentí ofendida y menospreciada, pero me lo tragué y preferí seguir jugando mi papel de segundona a quedarme fuera de tu vida.

No en vano los años han pasado y la vida me ha dado la sabiduría que entonces me faltaba. Y ahora echando la vista atrás, me da gusto comprobar que yo he vencido y tu has perdido. Hoy reino en mi propio imperio y tu en cambio no eres más que un lacayo. Ya ves, no siempre el protagonista se lleva el trofeo.

reina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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