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Divina energía

Movida por la alegría he dado los pasos que mas lejos me han llevado, torrentes de vitalidad corren por mis venas, energía divina, adrenalina pura moviendo montañas, cruzando mares, elevándome hasta el mismo cielo muchas veces.  Momentos de gloria sin ninguna duda.  Fuerza de la naturaleza que me impulsa a seguir, sin titubeos, ni vacilaciones.   Todo cuanto hago bajo esta energía hechizadora roza la perfección. Ni por asomo un arrepentimiento, una lágrima, un nudo en la garganta, nada que traicione ni por un instante este estado de gracia.

Hoy es uno de esos días en que mi pequeñez es inmensa, no siento mi insignificancia de peón anónimo, ni el agobio de mera pieza útil  en el engranaje global del que formo parte, en este mundo rotante.  Siento que he llegado lejos, muy lejos,  tomando en cuenta el punto de partida, un puerto lejano, pobre y precario.

Que maravillosa sensación cuando la alegría de vivir nos inunda, y la fe en un mañana mejor, está ahí, a nuestro alcance.

vida

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Invisible

Y así fue que llegó dando saltos en el tiempo su verdadera vocación, cuando ya no la esperaba.   Disfrazada de pasatiempo ésta entró en su vida, capturando, al comienzo, solo un par de horas de su tiempo, hasta llegar a colmarlo todo.

Sus jornadas fueron tornándose cada vez más intensas, hasta el punto se hacerse imprescindibles en su día a día,  tanto que ella ya no sabría vivir sin escribir, sin juntar palabras, sin jugar con ellas, sin la musicalidad de sus frases.

Y así poco a poco fue entrando en el riguroso mundo literario, de infranqueables vericuetos para la gran mayoría.  Hasta ahora su trabajo seguía siendo invisible y así seguiría hasta que dejara de ser traslucido y se hiciera visible al fin para todas aquellas almas con sensibilidad compartida.

escribir

 

 

 

 

 

 

 

 

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Afortunada

¿Sabías que eres una mujer muy afortunada?  Una y otra vez se hacía la misma pregunta pero una y otra vez, se respondía lo mismo, no, no lo sabía, solo lo intuía.

Si desde siempre lo hubiera sabido, qué distinta habría sido su vida.  Su mirada sobre las cosas habría sido otra, habría disfrutado más de la vida, sin darle tanta importancia a lo que no la tenía, tanto martirio inútil por preocupaciones estúpidas.  Ni que decir de los episodios depresivos que se habría ahorrado. Y todo esto porque simplemente nunca se había tomado en serio su condición de “persona afortunada”.

Ahora la respuesta le parecía muy simple, le hubiese bastado con creérselo.   Del momento que ésta pasa de ser una intuición, a ser una creencia firme y férrea, ya nada, ni nadie puede destruirla.  Podríamos decir que tiene los mismos efectos de una vacuna, que nos preserva de futuras dubitaciones contagiosas.

fortuna

 

 

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La mirada

Al fin comprendía esa mirada eterna al vacío que de joven tanto la intrigaba, la de aquellos ojos que han llegado a su última parada, la ancianidad.

Es más, muchas veces se había dicho a a si misma, que de mayor no perdería su precioso tiempo mirando al espacio, contemplando la nada, esperando a la muerte, en lugar de vivir cuanto le quedaba.

Sin embargo entre las mil vueltas que da la vida, ahora ella se encontraba de frente con la ausente mirada de su anciano marido.   Y como ironía de la vida, le estaba ocurriendo a un hombre de mente brillante e intelectualmente riquísimo. Con el paso de las horas, días y semanas fue perdiendo su hábito más esencial, la lectura.  Se había hecho taciturno, reservado y  muy silencioso.

Y así ella, un día cualquiera, desveló el misterio infinito del final de una vida. Descubrió que esos ojos ya solo miraban hacia adentro, como la manifestación más pura de la naturaleza, preparándonos para el último viaje.  Imaginó una suerte de cordón umbilical,  enlazando nuestra existencia terrenal con nuestra existencia  estelar.

marido

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Omnipresente

¿Se puede estar en dos sitios a la vez?  Sí, si se puede.   Y si no, miradme a mi, que aquí estoy físicamente, mientras mi corazón y mente se quedaron allá lejos, allá de donde vengo.

Y si no fuera por la esperanza que siempre se alberga en el fondo de nuestros corazones, que nuestras circunstancias, el día menos pensado, cambiarán y darán ese vuelco mágico que esperamos, la vida sería muchas veces insoportable,

A cualquiera que se le diga, que ha llegado a su destino, que se encuentra en su última parada, así de sopetón, podría sufrir tal bajón, del que no se recupera.

tren

 

 

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Cansancio infinito

Y así lo escribía Rosalia de Castro: “y es que cuando nos rinde el cansancio/ el cuerpo tiende al reposo/ y el alma tiende a lo eterno.

También, otra poeta extraordinaria, Gabriela Mistral decía:  “ha venido el cansancio infinito/ a clavarse en mis ojos, al fin/ el cansancio del día de muere, y el del alba que debe venir/ ahora suelto la mártir sandalia y las trenzas pidiendo dormir./  Y perdida en la noche levanto, el clamor aprendido de ti: Padre nuestro que estas en los cielos, ¿por qué te has olvidado de mi?”

¿Cómo describir el cansancio infinito?  Aquel que arrastra nuestros pies, aquel que sobrecarga nuestros hombros,  aquel que aplasta nuestro pecho, aquel que vacía nuestra mente.

Con solo una caricia, unos buenos deseos, un sol luminoso, un amigo que vuelve, un sentido perdón, una llamada deseada, un oportuno cumplido, alguien que pronuncia con cariño nuestro nombre,  celebra nuestros aciertos, nos demuestra gratitud…  todas inyecciones de ilusión,  nos levantarían de allí abajo, de donde hemos caído.

marchita

 

 

 

 

 

 

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Soledad

Fuera donde fuere, allá adonde fuese, la soledad la acompañaba.

Ni el paso de los años había conseguido ahuyentarla, al contrario, el tiempo las había hecho cómplices.

En su época de soltera, la soledad en su vida no tuvo protagonismo, mientras ella iba y venía, de aquí para allá, viviendo intensamente, raramente coincidieron.  Cuando más tarde llegó el que sería su marido, ésta se mantuvo alejada por una larga temporada, lo que tal vez duró su luna de miel.  Después vino el nacimiento del hijo y la inmensa madraza que llevaba dentro, afloró. La soledad había permanecido oculta durante todos esos años, hasta que sus congojas y largas horas de silencio, reclamaron su regreso.

A la vuelta de los años, en la plenitud de su madurez volvió para hacerle compañía, actualmente no tenía vida social alguna, ni amigos que visitar, ni encuentros que celebrar.  Además, su hijo ya volaba con alas propias y de su marido, en cuidadora era, en su ancianidad.

Bienvenida seas soledad, esta vez has venido para quedarte, verdad?

angel

 

 

 

 

 

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