Irredento

caballo

Con tu espíritu doblegado,
tus sueños en el desván,
tus anhelos oprimidos,
desplomados ya tus humos,
jadeando del cabreo,
atragantado por la rabia
y las riendas bien cortitas
te dejaron de rodillas.

Tu desbocado caballo sometido 
en borrego se ha convertido
en ramplón y llano te ha puesto el camino.
Mala cosa para un rebelde como tú,
que está deseando mandar todo a hacer puñetas,
y a quienes no les guste, que se jodan!

Pero no, deja tu ira de lado,  
piensa en frío, concéntrate. 
No pierdas de vista tus objetivos.
Usa toda esa inteligencia que tienes.
Ármate de paciencia y aprende a esperar.

Llegará tu momento, y entonces, 
solo una pizca de buena suerte bastará.

 

El secreto de esos ojos

ojos
Adiós a las certezas, comienza la intuición,  
un ejemplo es tu mirada que asume el más allá,  
así como tu cansado paso se aleja del más acá.  
Mientras tus ojos traslucen el infinito, 
nos enseña la quietud del silencio, 
aquel silencio que nos embargará mañana, 
cuando estemos donde tú estas ahora.  
Ya sin importar que falle la memoria, 
tiempo es de viajar dentro de ti
y repasar la historia de tu vida,
aunque anhelo aprender de tus ojos, 
el secreto de tu saber partir. 

Se comienza ignorando lo fútil del día, 
abrazando con fuerza toda sinceridad, 
acariciando las hojas del árbol de tu vida, 
paladeando su fruto y exprimiendo su néctar. 
Despertarás con la sonrisa dibujada en la cara, 
aspirarás profundo el aire de los parques. 
Llevarás la paz a quienes como tú 
llevan el adiós escrito en sus miradas. 

 

Sus ojos se cerraron

eterno

Qué tarde llegó la tarde, 
cuando esa impenetrable negrura 
se fijo en tus ojos,
y la muerte venció tus párpados, 
al tiempo que dos lágrimas
te despedían de esta vida.

Qué extraña prisa por volar, 
que al nuevo amanecer 
no viste llegar.

En distantes galaxias
ya te aguardaban,
quise imaginar seres alados,
acogiéndote con calor.

Aunque se que tu voz,
ya no volveré a escuchar,
dondequiera que te hayas ido,
el eco de mis oraciones
te alcanzará,   
y estés donde estés, 
una parte de mi, ya se fue contigo.

 

Vivía mientras escribía

pensando
Sin sentirla, se iba la vida,
y con ella su paso irreversible.  
Vivía mientras escribía, 
la historia de su vida:
una larga estela de sueños, 
incumplidos casi todos,
incansables esfuerzos 
por alcanzar la felicidad.

De zancadas de gigante 
su vida estaba llena,
de horizontes de arco iris 
que en nublados se quedaron.

Quiso hablar otras lenguas,
conocer otras maneras de pensar,
reinar en exóticos mundos, 
y a cada paso imaginó,
un camino de rosas.

Lo intentó y vaya si lo intentó,
quiso atrapar, una y otra vez,
aquella esquiva oportunidad
que año tras año, se le escapaba.

Llegado hasta aquí, cuanta decepción, 
tantas prisas, tanto correr para nada,
cuando finalmente creyó llegar,
la cruel realidad la sacudió,
y un sonoro basta, se escuchó:
- deja de correr, para de luchar -
tu tiempo se acabó,
ya tienes una edad
y, no más aventuras.



Lengua fiera

fiera

Demasiado nos parecemos tu y yo,
pasarás por donde yo he pasado,
sentirás lo que yo he sentido,
te remorderá como a mi la conciencia,
por decir aquello que no quisiste decir,
mis hirientes palabras
por años me persiguieron,
pero herido para siempre
dejé a ese corazón.

Retractarme nunca pude, 
retirar lo dicho, mucho menos,
el daño hecho, hecho estaba.

Vas a entender tu ahora,
lo que yo en años, tardé en comprender,
ser cauto con la lengua,
y vigilar de cerca, 
a la fiera que llevamos dentro.

Allí donde te has ido

mas alla

Querida hermana, no me hables de desamparo cuando tu mejor que nadie sabes que sin fe, ya habríamos sucumbido mil veces a la amargura y al desconsuelo y tanto tu como yo presientes, la presencia de nuestros ángeles que van por delante nuestro, quitándonos las espinas del camino y sembrando de luces nuestro rumbo para que no nos perdamos.

Realista soy con los misterios inescrutables que esconde ese lugar para el descanso eterno, allí donde moran nuestros padres, abuelos y bisabuelos, pero al mismo tiempo,  consciente soy de que esta es una cuestión de fe y algo en el cielo me dice que nuestros seres amados estarán esperándonos al otro lado, cuando nuestra hora final llegue y volvamos a verles.

Imposible dejar de creer en sus últimas palabras antes de partir?, “allí adonde voy, te estaré esperando“.

Entre escaparates

Me hallaba en un centro comercial, de lo más de lo más, ahíta de hamburguesa, patatas fritas y medio litro de coca cola, pretendía hacer hora antes de entrar al cine, mirando escaparates, atraída por los colores, entrando en las tiendas mas tentadoras, palpando  telas y texturas, echando un ojo a las nuevas tendencias y estaba en ello cuando, de pronto reparé en una mujer grande, bastante redonda, enfundada en un vestido amarillo furioso sin mangas, que incómodamente se le apegaba a las piernas, por culpa de aquella tela imán para medias de nylon. Le presté más atención a la segunda o tercera vez que me la topé cerca de los probadores, que como yo, parecía buscar algo sin saber qué, aunque seguramente ella estaría mejor equipada que yo en cuestión de tarjetas.  La imaginé extranjera, podría venir de Panamá, pues no me pareció argentina, por su estilo provinciano de nueva rica, repeinada y bien enlacada de peluquería, de pelo corto, en forma de casco y de un discreto rubio teñido. Llevaba unas sandalias negras de tacón aguja, tirando a sexies y un bolsito con pinta de buena marca, pero que en ella lucía algo ridículo, en proporción a su tamaña figura.

Perdí la cuenta la de veces que me topé con ella durante mi periplo y hasta me pareció que ya nos conocíamos, y en algún momento tuvimos tiempo de cruzar nuestras miradas y hasta creo que le esbocé una sonrisa, tal vez buscando en sus ojos alguna complicidad, cosa que no sucedió, ella siguió su camino y a la salida de la tienda, la vi preguntando algo al guardia, lo cual probaría mi teoría sobre una turista, casada, con marido bien aposentado, muy ocupado para acompañarla y seguramente con hijos desperdigados por el mundo desde hace ya tiempo.

Era una tarde cualquiera donde dos mujeres maduras y solas, coincidieron entre escaparates, sin más en común que una distraída manera de matar el tiempo. Y ahora yo me pregunto, ¿será que también los demás ven en mi, la misma triste soledad que yo vi en la mujer de amarillo?

tiendas

Amiga del alma

Ayer en el cine, mientras tumbada en una butaca “premiun” temblaba como una hoja en casi toda la película Un lugar en silencio, a mi lado eché tanto de menos a esa amiga del alma, que compartiera conmigo estos instantes de adrenalina desbordada y de enervante  emoción de suspenso. Echaba de menos sobre todo, a esa agradable comunión entre socias que lo comparten todo, absolutamente todo. Con la que puedes abrirte y hablar sin tapujos, ni prejuicios, sin temor a ser juzgada y sobre todo, esa amiga cómplice hasta las últimas consecuencias. Aunque pueda parecer algo infantil, por Dios que bonita era esa amistad juvenil, ese crecer a dos, soñar a dos, viajar a dos, vivir a dos.

Es evidente que a medida que perdemos juventud y ganamos madurez y el sentido común va tomando el control de nuestra persona, ya nada parecido a esa unión de almas amigas puede volver a darse. Con los años, harás más y buenas amigas por el camino, seguramente que si, pero nunca se igualarán a esas primeras entrañables y locas de adolescente. La misma intensidad con la que vivimos todo, cuando nuestra vida apenas empieza, no tiene ningún punto de comparación con cualquier otra cosa que vivamos más tarde.  Esa euforia juvenil, solo se vive una vez.

amigas

 

Seguridad en quilates

Que absurdo me parece hoy, tomando distancia, todos esos tontos complejos que de joven me atormentaron. Malgasté gran parte de mi juventud, queriendo ser lo que no era, deseando ser otra, que finalmente, no llegó a ser.

Todavía recuerdo que no me gustaba mi risa y reprimía la carcajada, que me sonaba escandalosa. Otra gran inseguridad que tenía: era al hablar, no sabía qué decir, sobre qué conversar, si dar o no mi opinión, en fin, lagunas propias de una pobre formación.  En el fondo, fue mi gran timidez magnificada por esa fisonomia de mujer fatal que me envolvía y que nunca convenció como modosita.

Ahora bien, que duda cabe que las tablas se ganan con los años y todo ese manojo de inseguridades se supera, lo curioso es que ni siquiera recuerdo las peripecias que tuve que pasar, para superarlas. Seguramente, otro bien distinto habría sido mi destino de haber tenido una pizca de desparpajo y unos cuantos quilates de seguridad en mi misma.

corona