Deprimida

Vengo recién saliendo de una depresión de caballo, así es que perdonad el negro velo que pudo emponzoñarlo todo estas últimas semanas.

Empezó con un fuerte sentimiento de inutilidad, una desgana total y falta de interés por todo, me sentía invisible y que todo cuanto hacía por agradar, caía en saco roto, parecía que a nadie le importaba un pimiento. Básicamente, esos son algunos de los síntomas que me aquejaban, clara señal de que estaba tocando fondo.

Miles son las causas por las que empieza una depresión, pero muy pocos los remedios.  Una mañana cualquiera nos falla el motor de arranque y nos deja tirados e incapacitados para salir del hoyo en el que hemos caído.

Llegados a este punto, amar locamente a alguien puede ser la mejor de las medicinas, es una salida, y sin duda, la más hermosa. Esa fuerza es la única capaz de sacarnos del letargo, de hacernos esbozar una sonrisa, de animarnos a lucir guapos otra vez.  Al final cuando todo se ha dicho, el amor es el impulso mas poderoso y potente que conocemos, y si este falla, todo lo demás también falla.  En mi caso funcionó, puede que a vosotros también, el inmenso amor por mi hija, me salvó.

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¿Fantasmas?

Hace unos días descubrí que Gabriel García Marquez escribía que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” y también me he informado que este Premio Nobel es uno de los máximos representantes del realismo mágico. Obras donde se encuentra un contenido con elementos fantásticos o mágicos que son percibidos como reales por sus personajes.

Este inciso viene a cuento de la historia que  a continuación voy a contarles: Tomás, uno de mis amigos, me contó que la otra noche mientras dormía, se despertó de repente y al abrir los ojos vio al lado de su cama a una persona de pie, mirándole, cubierta como por una manta y que por la misma oscuridad no consiguió ver si era un hombre o una mujer. La imagen permaneció así quieta mientras mi amigo estaba paralizado. Pasados unos segundos de estupor, escuchó a su perro ladrar y cuando quiso levantarse de la cama, la figura se desvaneció al instante. Todavía algo aturdido y conteniendo la respiración, se lanzó escaleras abajo, descalzo y apenas cubierto por una camiseta, a pesar de la oscuridad, enseguida vio que la puerta de casa estaba abierta de par en par y fue entonces que sintió un extraño frío que le recorría todo el cuerpo, soplaba fuerte el viento y agitaba las ramas de los árboles con fuerza. Cuando su perro se le acercó dejó de ladrar, pero él todavía temblaba de escalofrío sin poderlo evitar.

De no ser porque conozco a Tomás y se que él no es hombre fantasioso ni sugestionable, he creído real su historia y os la cuento para conocer vuestra opinión: ¿Sería algún tipo de aparición? ¿Algún aviso premonitorio? O simplemente, fue parte de un sueño.

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La junta-palabras

Desde hacía ya un tiempo que se encontraba aislada, fuera de lugar, no conseguía hacerse entender, era como si de pronto todos a su alrededor hablaran idiomas diferentes. ¿Se preguntaba en qué momento se había quedado fuera? Tal vez, era ella la descolgada de este mundo cibernético, impersonal y distante.

Mientras más deseaba describir aquello que ella había sido capaz de capturar en su rodar y navegar por el mundo, por países lejanos, con extrañas lenguas e insólitas costumbres, paisajes desmesurados, gente diferente y misteriosa, más sola se sentía.

¿Cómo transmitir todo aquello que ella quería contar? Tal vez nadie querría oír sus historias y viejas batallitas, libradas en tierras apenas visibles en los mapas. Tampoco ella pretendía luchar contra la actual adicción a la realidad virtual, que tenía a medio mundo hechizado llenando de vidilla interior a sus eclipsados seguidores.

Día a día se fue sumergiendo más y más en sus cuadernos, en sus apuntes, en la poesía, en fin, que su retraimiento la fue llevando a escribir con más libertad y desenvoltura, abrazó la lectura, amó el papel y los bolígrafos; finalmente, ella había encontrado a su manera, la escondida senda seguida por esos pocos junta-palabras que en el mundo han sido.

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La loca de la casa

Resoplando y con los pelos alborotados, sube y baja, va y viene como una loca.  ¿Cuánto hace que ella no se para a pensar?  ¿Ni sentarse simplemente a soñar? Hace ya tanto que ni siquiera lo recuerda, su vida es un sin parar, incansable, sin apenas tiempo para si misma, ni tiempo de crear algo más interesante que hacer la comida, o lo que le falta por comprar, abre la nevera para comprobar que se están acabando los yogures, que también toca reponer el jamón y concluir así, una vez mas, que el carro del supermercado la espera.

La cosa es que un buen día, a esta loca de la casa le dio por escribir, abrir un blog y sin pretensiones, comenzó de a poco a plasmar en papel su vida interior, todo un mundo desconocido hasta para ella misma. Y fue descubrir que además de ser una eficiente house keeper, atesoraba una vertiente oculta en la palabra escrita, que fluía desde lo mas profundo de su ser, como el néctar de un fruto en flor.

Curiosamente, esa sensación de ama de casa frustrada que la corroía, la abandonó y así fue como una suerte del destino, volvió la luz dando un nuevo sentido a su vida.

loca

Think of me

Close your eyes,
while you think of me
I do close mine,
while I think of you.
Time passed so fast
just yesterday
you love me so much
today, you still live in my mind
yet too painful is your love
that still hurts in my heart

sueño

Remembranza

¿Cuántos años hace ya desde que te fuiste?  Diez, tal vez quince, o más?  ¿Cuántos hace desde que nos entristeciste a todos? ¿Qué nos dejaste vacíos, huérfanos sin tu amor? Todavía hoy recuerdo con tanta ternura, las noches en que venías hasta mi cama, te acercabas para taparme y protegerme del frío de la madrugada.  ¡Cuánto amor había en ese gesto tuyo!  Quizás nunca supiste que yo no dormía, que te esperaba para hacerlo. Y quizás no me cubría, esperando me arroparas cariñosamente, como cada noche.

También recuerdo tu despedida, a once mil leguas de distancia de donde morías, fue acercándose tu presencia hasta mi cama; mis cinco sentidos ya te aguardaban, sabía que vendrías, que no te marcharías sin taparme por última vez. Después, tu vuelo eterno, emprenderías.

¿Cuántas vidas he vivido desde que te fuiste?  Tal vez dos o mas, si solo contara mi vida de casada y la de madre de una hija.  No has estado y me has faltado todo este tiempo y te he añorado millones y millones de veces desde entonces. Pero de alguna manera, siempre te he sentido cerca.

He preguntado alguna vez, entre quienes aprecio, ¿adónde va ese amor inmenso que en esta vida sentimos?

Me parece demasiado prosaico y vulgar creer que todo se acaba aquí y nada nuestro queda cuando nos vamos. Algunos me respondieron, que al morir, ese amor es parte de nuestro equipaje, es la última llave para abrir nuestra última puerta. Otros, los más románticos, opinan que ese amor se queda aquí, morando dentro del ser que más amamos en esta vida. Personalmente, me quedo con este último pensamiento, el de nuestro amor reencarnado en otro corazón amado.

remembranza

Recordándote

Apenas abrazarte una vez mas, apenas un instante quisiera tenerte, apenas puedo ya recordar tu rostro.

A veces algunas frases tuyas magistrales vienen a mi mente y tu perfume azul desciende hasta mi, me alcanza y me embriaga. Una fugaz estela de tu ser, ha de ser esa presencia efímera y esquiva, que va y viene a su antojo.

No encuentro las palabras para describir lo que sería volver a verte y juntos vivir más tiempo esta vida. Ya nunca más sabrás de mi existencia, ni de cuanto me faltas, ni del dolor que me causa recordarte. Inasible e inalcanzable serás ya siempre para mi, así como jamás nadie volverá a quererme como tu lo hiciste, contigo ese amor sublime se fue de este mundo para siempre.

estela

 

La dulce Mistral

Padre Nuestro, que estás en los cielos,
¿por qué te has olvidado de mí?
Te acordaste del fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!

Te acordaste del negro racimo,
y lo diste al lagar carmesí;
y aventaste las hojas del álamo,
con tu aliento, en el aire sutil.
¡Y en el ancho lagar de la muerte
aun no quieres mi pecho oprimir!

Caminando vi abrir las violetas;
el falerno del viento bebí,
y he bajado, amarillos, mis párpados,
por no ver más enero ni abril.

Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.
¡Has herido la nube de otoño
y no quieres volverte hacia mí!

Me vendió el que besó mi mejilla;
me negó por la túnica ruin.
Yo en mis versos el rostro con sangre,
como Tú sobre el paño, le di,
y en mi noche del Huerto, me han sido
Juan cobarde y el Ángel hostil.

Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin:
el cansancio del día que muere
y el del alba que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!

Ahora suelto la mártir sandalia
y las trenzas pidiendo dormir.
Y perdida en la noche, levanto
el clamor aprendido de Ti:
¡Padre Nuestro, que estás en los cielos,
¿por qué te has olvidado de mí?

trenzas

 

Pretérito perfecto

De sabios es mirar hacia adelante para no quedarse pegado en el pasado.  Vivir el aquí y ahora, un carpe diem perpetuo. Pero, ¿qué pasa si tu ahora no te conforma? ¿Si tu realidad no se parece en nada a lo que deseabas?

Es entonces cuando se busca refugio en el pasado, en nuestros momentos de esplendor y gloria. Años en que la buena suerte era nuestra mejor compañera de viaje, nuestro pretérito perfecto: más jóvenes, más guapos, dueños del mundo, persiguiendo sueños, sin límites ni fronteras, desafiando retos, cogiendo las oportunidades al vuelo. Valientes e intrépidos, ilusos creyentes de la infinitud de la vida y del mundo.

También es de sabios aceptar el paso del tiempo, madurar a medida que andamos y mirar hacia adelante con la mirada sosegada que dan los años. El momento perfecto para comenzar a disfrutar de todos esos pequeños placeres y licencias que da la edad y que las prisas de la juventud no lo permitieron.pasado